¿LOS DOGMAS CAMBIAN?

Menuda sorpresa nos encontramos al consultar este tema en las bases de datos, incluyendo algunas de la IA abiertas, pues el resultado dista mucho de ser uniforme. Algunos dicen que los dogmas no cambian; otras fuentes afirman que sí; y algunas más adoptan una postura intermedia, estableciendo que los dogmas no cambian, pero sí sus interpretaciones.
Veamos algunos ejemplos:
IA Gemini responde a la pregunta ¿Los dogmas cambian?
No, los dogmas no pueden cambiar porque son verdades reveladas por Dios que no se pueden cuestionar.
Una vez proclamado solemnemente, ningún dogma puede ser derogado o negado, ni por el papa ni por decisión conciliar. Por eso, los dogmas constituyen la base inalterable de toda la doctrina católica y cualquier católico está invitado a adherir, aceptar y creer en los dogmas de una manera irrevocable.
Wikipedia responde de la misma manera:
Los dogmas religiosos establecen las bases de la teología de determinado sistema de creencias. En otras palabras, los dogmas son un conjunto fundamental de creencias que definen determinada religión, y la distinguen de otras religiones. Por tanto, los dogmas no son ideas sujetas al cambio ni consenso.
Pero tenemos opiniones distintas:
ChatGPT responde:
Sí, los dogmas pueden cambiar, pero depende del contexto en el que se usen.
En la religión: Los dogmas suelen ser verdades fundamentales consideradas inmutables dentro de una fe. Sin embargo, a lo largo de la historia, algunas doctrinas que parecían fijas han evolucionado o han sido reinterpretadas por líderes religiosos o concilios.
En general, los dogmas pueden cambiar si hay suficiente presión, evidencia o evolución del pensamiento humano.
En el sitio oficial de los Dominicos[1] encontramos una opinión similar:
A este respecto conviene hacer alguna precisión, pues la doctrina sí cambia. Lo que se mantiene es la fe. Hay que distinguir entre doctrina de la Iglesia y fe de la Iglesia.
Por otra parte, encontramos una tercera opción que se mueve peligrosamente entre las dos primeras. Ejemplos de ello encontramos:
IA Magisterium:
En resumen, los dogmas de la Iglesia son considerados inmutables en su esencia y verdad revelada. Sin embargo, la Iglesia tiene la capacidad de profundizar en su comprensión y expresión de estos dogmas a lo largo del tiempo, adaptándose a nuevas circunstancias sin alterar la verdad fundamental que ellos representan. Esta distinción entre la inmutabilidad de los dogmas y la evolución en su interpretación es crucial para entender la relación entre la fe católica y el contexto cultural en el que se vive.
Tomás Trigo[2], Profesor de Teología Moral de la Universidad de Navarra opina sobre el tema:
…El Evangelio no es letra muerta. Es una luz que ilumina nuestra mente para que comprendamos cada vez mejor el orden que Dios ha dispuesto. La Palabra de Dios es una realidad dinámica, siempre viva, que progresa y crece».
A medida que la Iglesia progresa, a luz del Evangelio, en la comprensión de la ley de Dios, la expresa y formula de modo más adecuado
En una entrevista de Bernarda Llorente[3] que hace a Francisco, recibe la siguiente respuesta:
"La Iglesia tiene que cambiar", ha declarado el Papa a la periodista. "La revelación de Jesucristo no cambia, el dogma de la Iglesia no cambia, pero crece, se desarrolla y se sublima como la savia de un árbol. El que no está en esta vía es uno que da un paso atrás y se encierra en sí mismo", añade el Pontífice. "De ahí que el núcleo de su cambio sea esencialmente pastoral, sin renegar de lo esencial de la Iglesia".
En síntesis, tenemos tres posturas que son diferentes y hasta contrarias:
- Los dogmas no cambian porque son verdades reveladas por el mismo Dios, que no puede engañarse ni engañarnos.
- Los dogmas sí cambian, porque debe adaptarse a nuevas circunstancias.
- Los dogmas no cambian, lo que cambia es su interpretación.
La tercera postura, que es intermedia entre la inmutabilidad y el cambio, puede resultar engañosa y peligrosa, pues da la apariencia de la inmutabilidad de los dogmas, pero en la práctica, se alinea con la segunda postura. Si cambia la doctrina, cambia el dogma. A veces se trata de salvar este problema argumentando que una cosa es el dogma y otra la pastoral. Pero nos olvidamos que la acción pastoral está determinada por el dogma, de tal forma que los cambios importantes en la pastoral, también afectan al dogma.
Como dato curioso, la mayor parte de los ejemplos que dicen que el dogma sí cambia, se refieren a los cambios realizados en la doctrina a partir del Concilio Vaticano II. Precisamente este Concilio se definió como pastoral, pero afectó fuertemente al dogma, al grado de que algunos hablan ya de una nueva iglesia.
¡Tenemos un problema serio en la Iglesia! ¡Alguien no está diciendo la verdad! ¡Alguien está enseñando el error, la herejía! Cuando dos juicios afirman cosas contrarias respecto a un mismo objeto, resulta obvio que los dos no pueden estar en lo correcto.
Para resolver este asunto recurramos al Magisterio de la Iglesia, especialmente el apartado "De las falsas doctrinas de los modernistas" de la Encíclica Pascendi Domnici Gregis de San Pío X[4], que es quien mejor analiza y discurre sobre el tema de la evolución (o cambio) de los dogmas.
Con el fin de hacer más entendible los argumentos, los simplificaremos, aun a riesgo de perder algo de la esencia y objetividad de las verdades expresadas por el Papa José Sarto.
Hay dos errores básicos que San Pío X identifica como sustrato de la evolución de los dogmas:
El primero se refiere a una interpretación científica-histórica de la religión. Según los modernistas, los dogmas son revelados por Dios. Luego el hombre interpreta lo recibido y lo codifica en un texto o fórmula de fe. Lo que tenemos como dogma no es la fuente primaria, la revelación de Dios, sino la fuente secundaria, la interpretación y la codificación en una fórmula, que hace el hombre. Pero el hombre puede equivocarse al interpretar lo recibido en la revelación, o el texto que formula pudiera tener imprecisiones o distintas interpretaciones según el contexto. Luego entonces, las fórmulas que expresan la fe, (que no son la fuente primaria, sino secundaria) pueden ajustarse o cambiarse para interpretar mejor "el espíritu" de lo revelado.
El segundo argumento de los modernistas es sobre la esencia de la fe. Para los modernistas la fe es un sentimiento nacido del subconsciente del hombre que busca naturalmente a Dios. Esta fe se vive, se experimenta, con lo que resulta que está justamente vinculada a la experiencia. Entonces, la experiencia es una fuente de revelación, que se une a las Sagradas Escrituras y la Tradición. Como fuente válida de revelación, puede cambiar tanto lo escrito en las Sagradas Escrituras, como lo compilado por le Iglesia en lo que se llama Tradición.
¡Tremendas herejías!
Analicemos la primera tesis de los modernistas:
Una interpretación según el método histórico-científico siempre será muy limitada para explicar la realidad, y menos una realidad sobrenatural, porque la ciencia no aceptará nada que no se pueda comprobar por el método científico. Es como tratar de describir o explicar el contenido del océano tomando como muestra una cubeta de agua extraída de él. Lo que hay en esa cubeta es agua de mar, pero su escaso contenido, para nada refleja todo lo que existe en el océano. ¡La ciencia sola es incapaz de explicar la realidad natural, menos la sobrenatural!
El argumento de que la fórmula de fe es una fuente secundaria es completamente falso. El argumento correcto, fundamentado en la Doctrina de la Iglesia, es el siguiente:
- Dios revela al hombre alguna verdad (dogma).
- El hombre, inspirado por el Espíritu Sano, comunica el dogma, el cual queda inserto en las Sagradas Escrituras y la Tradición. Siempre será coherente con las verdades reveladas; nunca las podrá contradecir.
- Los dogmas son verdaderos en sí mismos, no por la interpretación de quienes los conocen o estudian.
- La Iglesia estudia y profundiza los dogmas, tal y cual fueron revelados. No hay contradicción ni desviación alguna.
Aquí debemos recurrir a otro documento, Lamentabili[5], emitido por el Santo Oficio, elaborado también a petición de San Pío X, donde se identifican 65 errores del modernismo. Dicen los modernistas:
D 2009. Error 9. Excesiva simplicidad o ignorancia manifiestan los que creen que Dios es verdaderamente autor de la Sagrada Escritura.
D-2011. Error 11. La inspiración divina no se extiende a toda la Sagrada Escritura, de modo que preserve de todo error a todas y cada una de sus partes.
¡Es dogma de fe que el Autor de las Sagradas Escrituras es Dios! Si no aceptamos este dogma, entonces se puede concluir cualquier cosa… Pero ya no seríamos parte de la Iglesia Católica. Si se niega un dogma, se cae en herejía.
Analicemos la segunda tesis de los modernistas, referente a la fe como experiencia.
- La fe no resulta de un sentimiento religioso, de una experiencia religiosa. La fe es una virtud sobrenatural que Dios concede a quien desea. Esta virtud se manifiesta en la persona, pero no es originada por ella. Si bien Dios ha impreso su imagen en la conciencia del hombre, la fe, como virtud sobrenatural, no depende de la voluntad del hombre, sino de la gracia de Dios.
- Al ser una virtud sobrenatural, rebasa con mucho el campo de la experiencia personal, el campo de lo inmanente.
- La experiencia humana es personal, subjetiva. Si la tomáramos como fundamento del dogma, podríamos llegar a cualquier conclusión, dada su naturaleza subjetiva.
- Si la teoría de la experiencia se traslada a la Tradición, la destruye completamente (San Pío X, D-2083).
· Si aceptáramos esa tesis, tendríamos que en todas las religiones se da una experiencia religiosa, luego, podemos concluir, todas las religiones son buenas. De la misma forma, tal como lo proponen los modernistas actuales, la experiencia constituiría una tercera fuente de revelación. ¡Dos errores descomunales que nos acosan actualmente!
Por eso San Pío X menciona:
D-2079 Luego también las fórmulas que llamamos dogmas tienen que estar sujetas a las mismas vicisitudes consiguientemente, sujetas a variación. Y así, a la verdad, queda expedito el camino para la íntima evolución del dogma. Amontonamiento, por cierto, infinito de sofismas, que arruinan y aniquilan toda religión.
D-2080. Ciegos y guías de ciegos (Mt. 15, 14] que, hinchados con soberbio nombre de ciencia, llegan a extremo tal de locura que pervierten la eterna noción de la verdad y el genuino sentimiento de la religión, con la introducción de un sistema nuevo en que, por temerario y desenfrenado afán de novedades, no se busca la verdad donde realmente se halla y, desdeñadas las santas tradiciones apostólicas, se invocan otras doctrinas vanas, fútiles e inciertas y que la Iglesia no ha aprobado, sobre las que hombres de todo en todo vanos se imaginan que se apoya y sostiene la verdad misma
Definitivamente, la teoría de la evolución de los dogmas es una de las más grandes herejías surgidas del modernismo.
Las verdades reveladas por Dios no pueden cambiar. Si lo hacen, implicaría que Dios se equivocó, lo cual atenta contra la esencia misma de Dios. Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, lo dice explícitamente: "El cielo y la tierra pasarán, pero las palabras mías no pasarán ciertamente" (Mt. 24, 35).
Al darse cuenta de este enorme error, San Pío X hizo jurar a los sacerdotes, religiosos y maestros de los institutos católicos, que repudiaban este error. Lo hizo en el denominado "Juramento antimodernista", que se tenía que declarar públicamente, frente al obispo:
D-2145. …Cuarto: acepto sinceramente la doctrina de la fe trasmitida hasta nosotros desde los Apóstoles por medio de los Padres ortodoxos siempre en el mismo sentido y en la misma sentencia; y por tanto, de todo punto rechazo la invención herética de la evolución de los dogmas, que pasarían de un sentido a otro diverso del que primero mantuvo la Iglesia; igualmente condeno todo error, por el que al depósito divino, entregado a la Esposa de Cristo y que por ella ha de ser fielmente custodiado, sustituye un invento filosófico o una creación de la conciencia humana, lentamente formada por el esfuerzo de los hombres y que en adelante ha de perfeccionarse por progreso indefinido.
Quinto: Sostengo con toda certeza y sinceramente profeso que la fe no es un sentimiento ciego de la religión que brota de los escondrijos de la subconciencia, bajo presión del corazón y la inclinación de la voluntad formada moralmente, sino un verdadero asentimiento del entendimiento a la verdad recibida de fuera por oído, por el que creemos ser verdaderas las cosas que han sido dichas, atestiguadas y reveladas por el Dios personal, Creador y Señor nuestro, y lo creemos por la autoridad de Dios, sumamente veraz.
Los dogmas no cambian. Si alguien afirma lo contrario, cae en herejía, según lo ha dejado claramente establecido la Iglesia, pero especialmente a través de San Pío X.
¡El error se propaga dentro de la Iglesia!
[1] Dominicos. 20 de octubre de 2015. Los dogmas cambian. https://nihilobstat.dominicos.org/articulos/la-doctrina-cambia/
[2] Trigo, T. 03 agosto 2018. ¿Cambio de la doctrina católica? Universidad de Navarra. https://www.unav.edu/opinion/-/contents/03/08/2018/cambio-de-la-doctrina-catolica/content/CnBM7sduyZOb/18809969
[3] Telam. 17 de octubre del 2023. «El dogma de la Iglesia no cambia, pero crece, se desarrolla»: el Papa. https://www.religionenlibertad.com/vaticano/231017/dogma-iglesia-no-cambia-crece-desarrolla-entrevista-papa-agencia-telam_75553.html
[4] San Pío X. 08 de septiembre de 1907. De las falsas doctrinas de los modernistas. [De la Encíclica Pascendi dominici gregis, de 8 de septiembre de 1907] D-2071 a D-2085. Puede consultarse en: https://www.documentacatholicaomnia.eu/03d/1954-1954,_Denzinger,_Enchiridion_Symbolorum,_ES-.pdf
[5] Santo Oficio. 03 de junio de 1907. Errores de los modernistas acerca de la Iglesia, la revelación, Cristo y los sacramentos. [Del Decreto Lamentabili] D-2001 a D-2067.