¿QÉ ES EL MODERNISMO?

Nos preguntan qué es el "modernismo" dentro de la Iglesia Católica y por qué está mal; por qué se le considera reprobable.
La respuesta no es simple, pues tienen muchas aristas y perspectivas desde dónde se puede analizar, además, el mismo concepto de "modernismo" se ha camuflado hasta volverse, pero sólo en apariencia, uno con la Iglesia.
El modernismo se refiere a la tendencia para modificar la iglesia, para adecuarla al mundo, para "ponerla al día", y el pretexto es hacerla más comprensible para los fieles. Pero eso no es tan sencillo, como lo veremos.
Para facilitar en análisis sobre el tema del "modernismo" podemos distinguir dos grandes áreas: una de forma, y la otra de fondo. La forma se refiere a los cambios externos: en la apariencia de los templos, en la manera en que se administran los Sacramentos y en la manera cómo se dirige la liturgia y las ceremonias de culto. El área de fondo implica los cambios en la Doctrina Católica, en cualquiera de sus apartados: Dogma, Moral y Culto.
Aun haciendo esta división, que resulta un tanto artificial, no podemos separar tan fácilmente la forma del del fondo, puesto que la Doctrina (fondo) establece el cómo se debe presentar la forma. Es la Doctrina la que condiciona la forma. Haciendo esta aclaración, analizamos cada una de las partes:
Sobre la forma:
Algunos piensan que el "modernismo" simplemente es un movimiento en el que se trata de actualizar, poner al día a la Iglesia, con un lenguaje más sencillo y comprensible, con una nueva arquitectura, o un nuevo decorado de los templos, o el uso de las lenguas vernáculas (las propias de cada pueblo) en los ritos y ceremonias.
Podríamos incluir en esta manera de concebir al "modernismo" los cambios que los sacerdotes hacen en la liturgia, en los ritos que se celebran dentro de los templos, y en las prácticas muchas veces inapropiadas e irrespetuosas, como cuando cambia las palabras prescritas en el Misal, para ser más "inclusivo", o bien cuando incluye prácticas o ritos autóctonos (paganos) dentro de los templos, especialmente durante la Misa; o cuando se altera el orden que está indicado para celebrar, iniciando por, por ejemplo, con el Padrenuestro, en lugar de la sección introductoria. La justificación de estos cambios es, supuestamente, "llegar más", atraer a más fieles.
También encontramos innovaciones que rayan en lo ridículo y hasta sacrílego, como hacer trucos de magia durante la Misa, o cuando el sacerdote se viste de payaso para celebrar una misa para niños, o cuando disfraza a su perro como si fuera acólito, o bien, cuando aparece el celebrante medio desnudo, en la playa, y utiliza como mesa del sacrificio un colchón tipo salvavidas, con sus fieles en traje de baño; o en medio de un bar, donde los fieles continúan bebiendo cerveza. Abundan ejemplos del sacerdote y los fieles bailando, con música profana, y gritando y aplaudiendo…como si se tratara de un show… Todas estas imágenes suceden con más frecuencia de lo que suponemos, y todas son verdaderas. Tenemos evidencias concretas. Y aún hay cosas peores, que, por las simples normas de decencia, no se pueden decir públicamente.
Estas manifestaciones son "modernistas", en el sentido de que tratan de hacer más asequible, más comprensible y participativa la Misa, pero sin duda son reprobables.
Para juzgarlas, de manera solo provisional o transitoria, podemos aplicar un principio muy antiguo que dice que "debemos tratar a lo profano (mundano) como profano; y a lo sagrado, como sagrado". Los ejemplos mencionados no cumplen siquiera con este principio: tratan lo sagrado como si fuera mundano; lo sobrenatural queda aniquilado por lo ridículo y lo cotidiano.
Pero esto no es lo más grave del modernismo. Los ejemplos citados no expresan lo que es el modernismo en esencia. Para ello tenemos que analizar las cuestiones de fondo.
Sobre el fondo:
Los problemas de fondo son aquellos que, utilizando como pretexto la modernización, nos proponen cambiar la Doctrina; es decir, lo que la Iglesia siempre ha enseñado. Argumentan que lo que se enseñó durante 2,000 años, ya no es válido, o al menos no conveniente en la actualidad; y algunas conductas que se consideraban moralmente pecaminosas, ya no lo son; o que la manera de adorar a Dios y rendirle culto, debe simplificarse o cambiarse, para que a los fieles no les resulte cansado y que puedan entender todo lo que hace el sacerdote.
Entonces nos proponen cambios en el Dogma, que contiene todo lo que debemos de creer para salvarnos, cuya fuente son las Sagradas Escrituras y la Tradición, y cuyas verdades están sintetizadas en el Credo; o cambiar la Moral, es decir, los principios que rigen el comportamiento de un católico, resumidos en los 10 Mandamientos de la Ley de Dios; o cuando se pretende modificar el Culto, la manera en que la Iglesia ha enseñado cómo se le debe rendir adoración a Dios.
La Doctrina Cristiana parte de principios revelados que son ciertos porque es el mismo Dios quien los ha comunicado a los hombres, a fin de que alcancemos la salvación. Y todas esas verdades son ciertas, porque las ha revelado Dios mismo, que no puede mentir o engañar. Si lo hiciera, no sería Dios. Si cambiamos la Doctrina, cambiamos la religión. Y si cambiamos la religión, quedamos fuera de la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo.
La Doctrina Católica nos pide, como condición a todos los fieles, aceptar todas las verdades reveladas. Y nos comprometemos a ello en nuestro Bautismo y después en la Confirmación, aunque para ello tengamos como nuestros representantes o tutores a nuestros padrinos y a nuestros padres. Una vez bautizado, quien niega, -voluntariamente, con conocimiento de causas y de sus consecuencias- una o varias de las verdades reveladas, se convierte en hereje, y automáticamente queda fuera de la Iglesia (apostata, que significa que se retracta de lo afirmado). Entonces un hereje o un apóstata quedan automáticamente fuera de la Iglesia, sin necesidad de que la Iglesia lo haga oficial. Es lo que se llama latae sententia, que significa que la pena ya está impuesta de antemano.
Sólo a manera de ejemplos mencionaremos algunas de las herejías en cuanto al Dogma, la Moral y el Culto
En cuanto al Dogma, hay algunas personas, incluso sacerdotes y teólogos que están negando el que las Sagradas Escrituras hayan sido inspiradas por el Espíritu Santo, y, por lo tanto, afirman que deben cambiarse algunos pasajes para adaptarlos al mundo que vivimos. Se olvidan que Dios mismo es su Autor, y que sus palabras son verdaderas y eternas. También hay quienes niegan que Jesucristo sea la segunda persona de la Santísima Trinidad, que solo fue un gran hombre; o que la Santísima Virgen María se la Madre de Dios. Algunos más afirman que el dogma del Pecado Original es falso, y como consecuencia, Dios nos salvará a todos, incluso al mismo Demonio. Desde luego, si todos nos salvaremos, afirman que el infierno no existe, es un cuento de los "curas" para asustar a los niños. Y muchos errores más que circulan camuflados como creencias católicas.
En cuanto a la Moral, algunos sacerdotes y teólogos afirman que el pecado homosexual no existe; que los divorciados pueden participar en la sagrada Comunión, que los niños y adolescentes no necesitan confesarse, que el aborto no es pecado, y aún más, que personas no católicas pueden participar en la Eucaristía. Esto es una verdadera aberración: Dios que es la Bondad infinita, no puede mezclarse con el pecado. Por eso es que, para recibir la Comunión, es necesario estar en "estado de gracia", con el alma limpia.
En cuanto al Culto, mucho podríamos decir. Pero sólo mencionaremos la Bula Quo Primum Tempore de San Pío V, que establece que la forma de la Misa Tridentina debe ser conservada intacta y a perpetuidad. Es decir, que es, que la forma correcta de celebrar Misa en su versión Tradicional, Tridentina. Pero, con el espíritu de modernizar a la Iglesia se han desarrollado distintas formas de celebrar la Misa, introduciendo algunos rituales propios del al región o país y cambiando palabras que son esenciales para que la Misa tenga validez, especialmente porque hay cambios inevitables cuando la Misa se traduce a cientos o miles de dialectos e idiomas. En muchos de ellos ni siquiera existen las palabras que tengan el mismo significado que en el original.
Este problema ya lo había identificado San Pío X a principios del siglo XX. Y dedicó varias de sus encíclicas y otros documentos, a identificar el modernismo y a denunciarlo públicamente. En el decreto del Santo Oficio de 1907 Lamentabili sane exitu[1] identifica numerosos errores -64 en total- que ya venían apareciendo desde su tiempo. Y los llama por su nombre y además los combate uno a uno. Desde ese tiempo el "modernismo" ya estaba causando estragos. En su Encíclica Pascendi dominici gregis[2], también de 1907, hace un estudio más detallado de todos estos errores y los refuta uno a uno.
Podemos decir que la mayor parte de su pontificado estuvo dedicado a combatir esta herejía. De hecho, define al "modernismo" como la suma de todas las herejías.
El problema es que, como lo dice el R. P. y teólogo Camel[3], a diferencia de las herejías clásicas como las de Arrio o Nestorio,
…hacían y decían lo que era necesario para ser excluidos de Ella; combatían a cara descubierta la verdad revelada, cuyo depósito vivo está preservado dentro de la Iglesia. El hereje, o más bien, el apóstata moderno… rechazan conscientemente toda la doctrina de la Iglesia, pero simulando fervorosamente el deseo de pertenecer dentro de Ella; y buscan los medios necesarios para permanecer aparentemente dentro de la Iglesia de Cristo. Su disimulo obedece al deseo de llevar a feliz término su deseo de transformar la iglesia en su interior, o como escribía el jesuita Theilhard, rectificar la fe. El modernismo tiene en común con las demás herejías, que rehúsa toda la revelación cristiana. Pero entre los modernistas presenta esta particularidad: que disimula sus heréticas negaciones. No es tan fácil distinguir al modernista: es un apóstata, además de ser un traidor.
Entonces, el modernismo es mucho más que una tendencia eclesial, mucho más que decir la Misa en español y recibir la Comunión en la mano… Es un cúmulo de herejías que se insertan en el cuerpo doctrinal de la Iglesia, lo que hace más difícil su identificación y su combate. Muchos de sus promotores aparecen ante la sociedad como "buenos religiosos" y "buenos católicos".
[1] https://www.traditio-op.org/apologetica/LAMENTABILI_SINE_EXITU,_Pio_X.pdf
[2] https://www.vatican.va/content/pius-x/es/encyclicals/documents/hf_p-x_enc_19070908_pascendi-dominici-gregis.html
[3] Lemius, L. B. 1907. Catecismo sobre modernismo según la Encíclica Pascendi Dominici Gregis de S. S. Pío X. México. Fragonard