¡QUE LE TEMAN A DIOS, NO A TRUMP!

25.02.2025

Alrededor de toda persona, por más que se desenvuelva en el ámbito privado, habrá quienes simpaticen con ella pero también quienes se muestren como sus enemigos, aun cuando se dediquen a hacer el bien. Este fenómeno de contar tanto con aliados como con opositores, se acentúa más con personajes públicos, y particularmente, dentro de la política.

El regreso de Trump a la presidencia de los EE. UU. ha desatado tremenda controversia, pues, aunque al parecer, la mayoría lo prefirió desde hace cuatro años en que le arrebataron la elección, el caótico dueto demócrata, Biden-Kamala, le dieron aire a las minorías, entiéndase a los que se sienten discriminados. En realidad, precisamente muchos de ellos (los gays, lesbianas, trans, abortistas, etc.) fueron los que se auto discriminaron de la sociedad sana que busca el bien común.

Apenas asumió la dirección de los destinos del país del norte, muchas de esas minorías decadentes, llamadas "woke", y que se caracterizan por la supuesta defensa de sus derechos y su anarquismo social, tuvieron inmediatamente su portavoz nada menos que en una mujer que se dice "obispa", Mariann Edgar Budde. Por cierto, esta desorientada mujer debería sentirse avergonzada no sólo por contrariar a quien reconoce como fundador de su creencia, al ostentar un cargo que Cristo no confirió a las mujeres y, además, por defender lo indefendible. Esta representante de una comunidad pseudo cristiana, arremetió contra Trump en un evento público para manifestarse en contra de sus políticas "conservaduristas", y a favor de los derechos de todo tipo de grupos minoritarios como los que ya mencionamos, incluso, a los migrantes. Y como si retara a Trump, le insiste en que estas personas temen por sus vidas, prácticamente culpándolo de tal situación.

Ahora resulta que los "woke" le temen a Trump, luego de que en los años anteriores, los gobernantes demócratas les dieron rienda suelta a toda clase de desvaríos.

¿Por qué le temen a Trump?... Los desórdenes morales de homosexuales, lesbianas, abortistas, trans y más, deberían temer primeramente a Dios, el supremo Legislador, simplemente ¡por quebrantar sus Mandamientos! Esto es tan grave como el contrariar deliberadamente su santísima Voluntad, que esencialmente es Amor, dentro del Orden, de su Ley. Y si esa Ley divina se desprecia y se tira a la basura, como suelen hacerlo muchos de esas minorías degeneradas, deben ser sancionados, como sucede ante cualquier ley positiva que es violada.

¿Y cómo castiga Dios a quien pisotea su Ley?... Para empezar, con el constante remordimiento de conciencia, con una vida llena de vacíos, temores, arranques de locura, tendencias suicidas, enfermedades, dureza de corazón; y seguramente, con una cascada de otros delitos, porque un mal, naturalmente convida a otro peor.

Estos castigos apenas son poca cosa; pero, aun intentando corregirse en vida, resultarían como acicates para levantarse del pecado y humildemente arrodillarse ante Dios para pedirle perdón. Pero hay un mal, el peor de todos porque ya no tiene remedio; nos referimos a la condenación eterna que consiste en desear desesperadamente conocer y amar a Dios como ser supremo, y nunca más poder gozar de Él; claro, además de sufrir la pena sensible por el fuego eterno.

Dios quiera que todos esos "wokes" desorientados, conscientes o no, cristianos o no, de verdad ¡despierten! (¡wake up!) de su hechizo. Sólo así sentirán un "santo temor" a Dios, que es el supremo Legislador, que sí castiga duramente a quien no quiere corregirse. Aprovechen este "detente" trumpista a su libertinaje y que, aunque no fuera definitivo, sí puede significar la oportunidad para respetar las leyes de Cristo, no tanto las de Trump.